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La crisis de los cítricos y la soberanía alimentaria 10 agosto 2009

Cualquier alicantino se sobrecoge cuando abandona las comarcas del sur y se adentra por el verdor y la humedad reinante en las dos Marinas. Si el viaje se hace en coche, al cruzar el tunel del Mascarat, de repente uno tiene la sensación de haber abandonado la sequedad y semidesértica realidad del sur alicantino para adentrarse en una pradera verde que acaba por desembocar en un mar de naranjos y limoneros.

Bien es conocido de todos que hará un siglo que la huerta alicantina, y particularmente la huerta de la Marina Alta, se dedicó en exclusiva al monocultivo cítrico. Y sabido es de to+as que este sector ha desembocado en una crisis tras otra, todas ellas agravadas por la Gran Crisis que se ceba ahora tan especialmente con nuestra provincia. No se libraron el turismo, la construcción, el calzado o el textil, y por supuesto no se ha librado la agricultura. O más bien la monoagricultura a la que nos hemos dedicado con ahínco durante siglo y medio, proporcionando naranjas y limones a toda Europa hasta que, terror, llegaron las naranjas marroquíes o turcas, mucho más baratas.

citricos

Leí hace poco un artículo en el Levante que venía a decir que la solución a dicha crisis pasaba por estudiar las variedades tardías (y poder vender naranjas y limones todo el año entrando en competencia con el resto de mercados) y la mejora de las técnicas de recogida o el combate contra las plagas… Más de lo mismo. Nada se decía en el artículo sobre la verdadera crisis que asola a nuestra comunidad: la crisis alimentaria. El monocultivo de cítricos atenta contra la biodiversidad, mortifica el suelo, nos hace diana de plagas cada vez más resistentes, y acaba con las variedades autóctonas y los cultivos (¡y empleos!) tradicionales. Nada se decía en el artículo de arrancar la parte de los naranjos que no son rentables y devolver la soberanía alimentaria al pueblo alicantino y valenciano: devolverle sus frutas y hortalizas, el sabor, la variedad y la cercanía de los alimentos. Nada se decía en el artículo de dedicar el resto de los naranjos exclusivamente a la producción ecológica (y su transformación alimentaria en zumos y otros productos), único sector que puede medirse cara a cara con la crisis y seguir adelante. Nada decía el artículo de la relación entre monocultivo y desertificación, y lo mismo podría decirse de otros cultivos “típicos” alicantinos como la vid, el olivo y el almendro.

El otro día estuve paseándome por entre las huertas de Beniarbeig, en la Marina Alta. Con la cantidad de terreno dedicado al cítrico en los alrededores de este pueblo de menos de 2.000 habitantes se podría alimentar de una forma diversa y saludable a la mitad de la provincia. De repente me encontré con un par de parcelas de las que habían arrancado los árboles y habían plantado berenjenas, tomate, pimiento, fresas, calabaza, y más! Ignoro si los dueñ+s lo venden en el mercado o se lo comen en su casa, pero respiré aliviada pensando que no todo el mundo ha perdido la cabeza y hay gente todavía dispuesta a recuperar la tierra para sus hij+s y no para las multinacionales.

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