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La imaginación de l@s alicantin@s y la marcha de la Economía 24 agosto 2009

El Diario Información publica hoy una noticia informando de que el número de bares sigue en aumento en la provincia a pesar de la crisis. Nada menos que 350 nuevos locales de restauración han abierto en lo que va de año sólo en la capital. La noticia informa que son, por un lado, los nuevos parados que abren un bar/restaurante con la indemnización del despido y por el otro, los empresarios del sector de la construcción que, a falta de dónde invertir excendentes (!), han optado por la hosteleria. Dice el periodista que la razón es que todo el mundo piensa que puede dirigir un bar (craso error), que al final sólo visitarán sus familiares y allegados para arrimar el hombro. Yo detecto también la rampante falta de imaginación alicantina… Por no hablar de que el consumo ha caído al mínimo en las familias, y hay comercios cerrando todos los días. ¿Qué nos hace pensar que a “nosotros no nos va a pasar”? Y todo esto en el país de Europa con más bares por metro cuadrado y por habitante…

Pongamos que le han echado a Ud. del trabajo, y le han dado una cantidad X (¿6.000, 8.000 euros?) razonable como indemnización. ¿No tiene nada mejor que hacer que abrir un bar? Échele imaginación: yo le propongo decrecer. Si quiere abrir un negocio, abra una floristería donde informe a la gente del barrio como plantarse un minihuerto en la terraza para alimentar a una familia de 4 personas de forma barata y la tienda se le llenará de gente. Además, estará usted contribuyendo a mejorar la salud de la maltrecha agricultura española. Los huertos urbanos, que arrasan en EEUU, empezaban a hacer furor en Madrid y Barcelona antes de la crisis. Échele ganas, y convierta un hábito urbanita y snob en la salvación de los vecinos de su barrio.

Pero, ¿realmente quiere ir más allá? Entonces decrezca. Le propongo una fórmula salvaje que le proporcionará un futuro mejor, será Ud. más feliz y a la vez salvará al planeta. ¿La hipoteca le ahoga? Deshágase de ella: venda su casa (si de verdad quiere venderla no intente inflar el precio ni sacar partido. Los bancos están dando crédito y hay gente con dinero buscando la oportunidad que no han tenido en todos estos años de locura inflacionista).  Observe detenidamente a su alrededor y elija una ciudad pequeña para vivir, mejor si es un pueblo y mejor todavía si el pueblo es pequeño. Cómprese una casa y una huerta, y dedíquese al autoconsumo. De un plumazo se quedará sin deudas (la casa y la huerta juntas en el pueblo le costará la mitad de lo que valía su piso en la ciudad).  Si es usted generoso, cómprese una casa vieja y refórmela  con el dinero que se ahorra, estará creando puestos de trabajo. Al final, tendrá comida todo el año y un trabajo (las huertas no crecen solas, oiga). Si piensa que se va a aburrir en el pueblo, se equivoca. Y si lo hace, pronto encontrará que en el pueblo hace falta una panadería, una frutería, una horchatería, un servicio de transporte  o un gimnasio y podrá abrir su negocio al fin, con muchas más posibilidades de éxito. No abra un bar, posíblemente en el pueblo hayan diez y ninguno llega a fin de mes.

Cambie de vida, de verdad, y permita que los suyos disfruten de calidad de vida. Sus hijos podrán estar en la calle hasta tarde sin temor a que les pille un coche , respirarán un aire más limpio y practicarán deporte sin que a usted le cueste un riñón.

Atrévase. Tendrá la excusa perfecta para no tener que ir a ver a la suegra todos los domingos.

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